"Algunos cineastas nos sermonean; los grandes nos dejan con nuestra libertad." Chris Marker

mayo 11, 2013

SUSUMU HANI


"Un novelista japonés escribió alguna vez que debemos ser agradecidos que nuestros ojos no están en nuestras manos, porque si lo estuvieran siempre veríamos nuestros rostros. Creo que es un concepto fascinante. Algunas veces podemos conseguirlo en el cine. Por supuesto cuando actúa, su "ojo" puede ver su rostro, pero cuando ve roches, sus ojos están todo el tiempo en sus manos. Lo encuentro en extremo importante observar la relación entre el cine y la percepción de la imagen de sí mismo." Susumu Hani

Susumu Hani (1928) es uno de los directores centrales y más inusuales de la increíble Nueva Ola que reinventó el cine japonés a finales de las décadas de los cincuenta y sesenta. El director de trabajos tan indelebles, ahora clásicos, como Bad boys, Nanami: The inferno of first love, A full live y The song of Bwana Toshi, formó un destino único a través de los tumultuosos años de la pos guerra, siendo el pionero en combinar formas de documental poético con el cine arte para definir un modo singular de humanismo avant-garde. Mientras la película más conocida de Hani, Nanami embebe el mismo coctail de obsesión sicosexual y surrealismo que sus contemporáneos como Shohei Imamura y después de Nagisa Oshima, la gran obra de Hani revela la diversidad de sus intereses. Hijo de un intelectual prominente y reformador social, Hani ha mantenido la creencia en el cine como un medio de cambio social mientras resiste cualquier clase de dogmatismos. Empezando por el documental, Hani dirigió dos increíbles cortos para la compañía de cine educativo Iwanami, sobre la experiencia en la escuela primara - Children in the classroom y Children who draw - que ofrecían una visión extraordinaria e íntima de la vida diaria y la educación de los niños japoneses. Involucrando a los niños en el proceso de filmación, las dos películas de Hani cuentan entre las primeras que exploran el documental como una herramienta de investigación hacia la subjetividad humana y la imaginación. 

En su extraordinario debut, Bad boys -y el pocas veces visto Children clasping hands- Hami  extiende brillantemente su intervención documental a la esfera del cine narrativo, ofreciendo retratos francos de la juventud japonesa que captura la incómoda belleza y la violencia latente mientras revela como las instituciones familiares, sociales y del gobierno fallan en entender el difícil cambio de carácter junto con la vida adulta. Después películas muy celebradas como She and he y A full life se enfocaron en la trampa del status-quo de las mujeres de clase media japonesas, revelando las preocupaciones feministas de Hani y la sutil carga política de su cine. Menos esperada fue su extraordinaria y aventurada serie de producciones internacionales que lo llevó a Sudamérica, Italia y eventualmente a África donde filmó The song of Bwana Toshi, un estudio al mismo tiempo sincero e irreverente de la "japoneidad" encarnada en la figura de un nervioso ingeniero japonés transformado por su encuentro con una cultura tribal. Igualmente no anticipado fue la abrupta partida de Hani de la dirección a mediados de los setenta, después de un breve ciclo de películas de naturaleza con el que completó una fase para volver a sus inicios documentales. Por fuera de un canon o clasificación, la inusual carrera de Hani ha sido muy estudiada, con Hani siendo injustamente recordado solo por lo más popular: sus escándalos y sus películas premiadas. 

Las raíces documentales, las aspiraciones y la visión cinematográfica de Hani son claras. Sus películas son inspiradas, sobre todo, por una búsqueda sin descanso de formas para mostrar vividamente las vidas íntimas y el día a día de sus personajes, sean reales o ficcionales, y en su total complejidad. Crucial a este gran proyecto es el notable compromiso de Hani con actores no profesionales y su creencia en la actuación y la dirección como un arte profundamente colaborativo. De esta manera Hani trabaja sus películas más en respuesta directa a las personalidades de sus actores y experiencias de vida que a alguna idea preconcebida sobre los personajes o alguna historia. Mientras que las primeras películas como Bad boys se formaron alrededor de actores no profesionales, junto con el argot y el sadismo ritualizado de la actual ex-reforma escolar que aparece en ellas, Hani va aún más allá en su sorprendente corto experimental de 8 mm Morning schedule que usa archivo grabado por un grupo de estudiantes de colegio. Cuidadosamente entrelazadas las diferentes voces y cada ángulo de sus personajes, las películas de Hani son retratos corales y políticos sobre comunidades marginadas y subculturas arrancadas directamente de las experiencias de las posguerra, desde la reforma escolar draconiana en Bad boys a el mundo subterráneo y sórdido de Tokio de Nanami. La rara energía del cine de Hani se nutre de la rica textura y los  matices de diversos mundos que explora con tanta audacia y de tal manera que su cámara se activa y empodera tanto al personaje como al espectador.